Woody Allen regresa a las pantallas más Allen que nunca. Metido esta vez en la piel de un guionista californiano aspirante a escritor, deambulará por las idílicas calles de la Ciudad de la Luz intentando dar sentido a su ingrata vida. Si con “La rosa púrpura del Cairo” (The Purple Rose of Cairo, 1985) puso en escena el sueño de cualquier espectador de cine (¿Quién no ha fantaseado con la posibilidad de un romance con el mismísimo Clark Gable?), “Midnight in Paris” vuelve a ser un guiño a aquellos que recurren al arte como manera de afrontar las inclemencias del día a día, como terapia vital.
De esta forma, vuelve a plasmar la quintaesencia de su cine y de su pensamiento (esto es, la huída de la realidad como único acceso a la felicidad), apoyándose en este caso no sólo en el cine, sino también en la pintura y la literatura, referentes simbólicos ya intuidos a la vista del cartel de la película, en el que los cielos de la capital francesa recrean “La noche estrellada” de Van Gogh.
P.D: Cualquier tiempo pasado sale perdiendo contra aquel que habita en nuestra imaginación, ¿o no?


