Me enfrenté a esta película como debe ser. Ni un trailer, ni una crítica de refilón… conseguí verla sin saber nada de ella (más allá de la presencia de Tom Hanks). Por primera vez me arrepiento de esta estricta rutina que sigo desde tiempos inmemoriales. Hubiera sido clave, al menos, conocer que el telón de fondo bajo el que se desarrolla son los trágicos atentados del 11 de Septiembre.
Oskar Schell (Thomas Horn) es un niño precoz y ávido de conocimiento cuya ancla emocional queda hundida para siempre aquel 11 de septiembre de 2001. Su historia me produce sentimientos contradictorios. Por un lado, Extremely loud and incredibly close logra desprender el aroma Daldry (su toque es innegable), posee una grabación de sonido y una banda sonora (a cargo del maestro Alexandre Desplat) innegablemente extraordinarias, y refleja una más que emotiva relación paterno-filial.
El problema es que en este último punto Daldry no juega limpio con el espectador. El sistema dramático del film es extremadamente efectista, hasta el punto en que ese sentimentalismo pervertido te fuerza al llanto. Especialmente censurable es el uso que se hace del contestador automático y todo lo que le envuelve.
P.D: Así no Daldry, así no



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